Huascarán 2011 (6.768 m) – Perú –

La montaña más alta del trópico terrestre

 

 


Anclado en el corazón de la impresionante Cordillera Blanca Peruana, el Huascarán, la mítica montaña bicéfala se yergue entre las más majestuosas y bellas montañas de la tierra, convirtiéndose en el punto más elevado del Perú, y de todo el trópico terrestre.

Toma su nombre del Inca "Huascar", aunque algunos autores lo atribuyen al vocablo Quechua "Huascán", que significa "Atractivo" o "Tentador".

Este colosal macizo atrajo desde principio de siglo a numerosos alpinistas, ávidos por conquistar el idílico paisaje que guardaban sus cumbres. Pero su presencia no solo ha permitido escribir las más bellas paginas del montañismo clásico sino que ha proporcionado terribles tragedias humanas.

En los últimos siglos, la actividad sísmica en conjunción con las enromes masas glaciares que alberga el Nevado, han provocado desastres de diverso alcance. El último y más dramático tuvo lugar el 31 de mayo de 1970, cuando un aluvión de roca, hielo y agua desbordo el Río Shacsha, superando las colinas circundantes y sepultando para siempre el pueblo de Yungay. Allí dejaron sus vidas más de 17.000 personas. El caprichoso destino quiso que únicamente el Cementerio de la ciudad quedara a salvo. En la actualidad, todo el área está declarada Campo Santo.


Ascenso


Esta vez no pudo ser. Luchamos denodadamente contra un vendabal desatado que nos retuvo durante tres días en el Campo 1, a 5.250 m de altitud sobre un campo de hielo que era bombardeado por desprendimientos y continuas avalanchas que, por fortuna, no llegaron a alcanzarnos, aguardando una ventana de buen tiempo que no llegó a hacerse realidad.
Finalmente, agotados y mustios, tras tres largas jornadas de lucha contra el huracán, tuvimos que  descender dejando atrás nuestros sueños de conquista. Queda pendiente el ajuste de cuentas y  la merecida revancha. A veces, una huida a tiempo es la mayor de las victorias.


Así lo vivimos


 

 

Finalizó nuestro sueño en el Huascarán. Vivimos una intensa experiencia en su regazo, guardando a que calmarán sus iracundos vientos en altura, sufriendo y soportando sus envites con la esperanza de que, tarde o temprano, llegaría el ansiado momento de contemplar el mundo desde su sagrada cumbre.

Pero esta vez, los apus andinos no quisieron facilitarnos el camino. La montaña también es eso: anhelo, sufrimiento, paciencia, perseverancia y, finalmente, derrota. La última palabra siempre depende de ella y hay que respetarla por mucho que duela. En esta ocasión, no quiso facilitar las cosas y dejarnos siquiera plantar el último campo sobre el collado que enlaza sus dos moles. En realidad, el sueño de hollar su cumbre siempre nos quedó lejos, mientras veíamos morir nuestras esperanzas sobre los hielos del campo 1, hastiados y abatidos. Tras casi 70 horas de desvelos y lucha baldía se impuso una lógica que, por el momento, ponía punto y aparte a nuestra aventura.

Aún así, cómo dejara escrito Battistino Bonali  en el Refugio "Don Bosco", en las mismas faldas del Huascarán, pocas horas antes de perecer bajo la cumbre sur: "Gracias Montañas".

Gracias Huascarán, por tus lecciones de vida, y por hacer que ésta tenga tanto sentido dentro de este mundo perdido que no sabe a que puerto se dirige. Seguiremos soñando con el reencuentro, y con que éste sea más benigno y fructifero. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *